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Madres solas

Cuando pienso en escribir sobre este tema, me doy cuenta todo lo que ha cambiado esta sociedad desde que nací. 
Cuando era peque­ña, ser madre sola hubiera sido motivo de rechazo y crítica social, tanto para la madre como para el hijo que solo tenía los apelli­dos maternos.

El propio "Yo"

El post de hoy va dedicado a la adquisición del “yo” de nuestros hijos, a la construcción de su propia identidad y al papel importante de la figura de apego, en el proceso.

Alrededor del año y medio, el niño empieza a tener noción de sí mismo. Comienza a descubrir que puede hacer cosas solo, sin ayuda, como por ejemplo quitarse los zapatos, comer, encender o apagar la luz,…Estos logros le dan un sentido del “yo” y le ayudan a aprender que no es una prolongación de su madre.

El poder de regenerarse

Tanto las relaciones tempranas (la calidad del apego) como eventos y situaciones de la vida tienen la capacidad de traumatizarnos, de herirnos y provocarnos miedo e inseguridad a lo largo de la vida. Si no resolvemos el trauma, si no cicatrizamos nuestras heridas, podemos transmitir el trauma a la siguiente generación.

Sin embargo, desde el momento en que pensamos tener una criatura, podemos revertir las secuelas de anteriores dolores. Podemos prepararnos psicológicamente para regenerar aquellas partes de nosotras que conservan las heridas. Incluso tenemos la capacidad de cambiar la expresión genética, tal como lo revelan los estudios.