Vivimos tiempos excepcionales. La pandemia nos ha trastocado la vida en lo cotidiano, teniendo que cambiar unos hábitos arraigados en nuestro día a día y en nuestra cultura mediterránea de vernos, acercarnos y tocarnos.
Nos encontramos con los amigos y tenemos que inhibir el impulso a besarnos y abrazarnos.
Vamos por la calle y no podemos ver las sonrisas.